29 junio 2009

Gestualidad - por Jorge Mele


Como un lado oscuro de la razón, los procedimientos gestuales acompañan las indagaciones de los artistas modernos sobre su comprensión de lo real.
En oportunidades estos artistas han operado en sordina, desconocidos, o tal vez simplemente negados por el imperativo de una “ratio” que se auto instituye y se dispone con categoría de “absoluta”.El Proyecto Moderno y sus declinaciones contemporáneas, en su más amplia dimensión cultural, es interpelado desde sus inicios por un conjunto de relatos y configuraciones que sospechan del optimismo desmesurado depositado en la técnica o en la progresividad incontenible de las invenciones maquinistas.
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Intuiciones extremas, subjetividad desbordada, fantasías deslumbrantes, los gestos artísticos erosionan los núcleos centrales de la racionalidad desmontando su oculto registro normalizador y clasificador .Las formas puras, la mimesis técnica y las disposiciones funcionalistas colisionan con sus antagonistas dialécticos.Los procedimientos automáticos y los métodos paranoico/críticos del surrealismo sin duda abrieron esta suerte de “Pandora box”que ha introducido las practicas artísticas en las constelaciones de objetos encontrados de variada derivación.Sin embargo no podemos dejar de mencionar las extrañas conformaciones cuasi-orgánicas de Finsterlin como metáforas de una ficción arcaica pre-maquinista o los extrañamientos formales ensayados por la vanguardia rusa en pos de un sentido científico como representación de los hechos revolucionarios de 1917.
Es obvio que dentro mismo de la corriente racional dominante, las exaltaciones expresivas de Mendelsohn o Scharoun abrían el campo de la experiencia espacial en otras perspectivas donde la predictibilidad de los esquemas funcionales se diluían en procederes formales no determinados por los usos sino por una gestualidad controlada.Sin embargo, la gestualidad, como una tradición proyectual en oportunidades asimilables a posturas organicistas, no ha dejado de producir manifestaciones arquitectónicas de alta singularidad en una proyección hasta nuestros días donde el paradigma digital ha potenciado sus posibilidades tendiendo sorprendentes puentes entre intuición y razón.Así lo de muestran sobradamente los trabajos de Coop Himmelbleau; Zaha Hadid o Gehry, entre otros.Actuando en direcciones iconoclastas las rutinas proyectuales de fines de siglo xx se han transformado vertiginosamente dando lugar a procesos maquínicos que suplementan y hasta autonomizan dichas posiciones.
El salto epistémico que se observa en figuras como Neil Denari; Emergent o Asimptote, nos muestra caminos, que a pesar de la crisis mundial manifiesta, desandarlos sería renunciar a la presencia de la razón sensible expresada en el gesto proyectivo que tal salto genera.La conservadora llamada a un nuevo orden clásico se torna evanescente e infructuosa frente a la productividad cultural de las nuevas prótesis tecnológicas, las que no solo han permitido poner en visibilidad imágenes históricamente bloqueadas sino también construir los inextricables universos de la inteligencia artificial redefiniendo el acto proyectual.
JORGE MELE.

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